Hace unas semanas, Nicolás Sarkozy pidió a los franceses que reflexionaran sobre el significado de ser francés. Un planteamiento que extrañó a gran parte de Europa y que recordó postulados chovinistas del siglo XIX. Muchos tildaron de anacrónico al conservador francés, que buscaba realmente apelar a un sentimiento de unidad nacional para afrontar la grave crisis económica que también padecen los franceses. Pretendía que, en este mundo globalizado, los franceses pensaran por un momento en la grandeza de su nación, reflexionaran sobre el futuro de su país y recapacitaran sobre el orgullo y responsabilidad que supone ser francés.
Unas reflexiones que podrían realizarse igualmente sobre el hecho de ser aragonés y a lo que muchas veces he apelado. Estos días, en torno a la festividad de nuestro patrón, en torno al Día de Aragón, sería bueno que los aragoneses reflexionáramos también sobre el hecho de ser aragonés.
El lunes reclamé en Teruel un mayor fervor en la defensa de la autonomía porque, gracias a ella, esta comunidad – este país para algunos- ha logrado en los últimos treinta años los mayores avances de su historia. El Estado de las Autonomías que recoge la Constitución ha sido muy positivo para Aragón y todos deberíamos concienciarnos de que cuanta más autonomía tengamos, mayor capacidad tendremos para hacer cosas, para atender las preocupaciones de los aragoneses, para impulsar proyectos pensados únicamente para Aragón y los aragoneses. Invito a los lectores a que se pregunten si Aragón sería hoy lo que es sin autonomía.
Los aragoneses sabemos perfectamente lo que hemos sido. Conocemos nuestra historia, de la cual nos sentimos orgullosos. Por eso nos molesta tanto la maniquea interpretación que de nuestro pasado hacen comunidades vecinas. Sabemos también lo que somos. No necesitamos forzar hechos diferenciales ni colocarnos camisetas porque percibimos el sentimiento aragonés y español de la misma forma, sin que eso nos genere ningún trauma. Aragón asumió y lideró la creación de un nuevo Estado, España, por lo que renunciar a ella sería renunciar a nuestra propia historia. España es, en gran parte, la consecuencia de la voluntad de los aragoneses durante siglos. Pero también sabemos lo que queremos ser en el futuro; una comunidad autónoma con mayor margen competencial, siempre dentro del marco establecido en la Constitución de 1978.
Apelar a nuestra historia, a nuestros derechos, no es una visión romántica ni una recreación en el pasado. Es la valoración de una historia en la que nos apoyamos para reivindicar el protagonismo que Aragón merece y que ha perdido por diversas circunstancias, que ahora no vienen al caso. Es necesario dignificar nuestras instituciones, conocer mejor nuestra historia y asumir que Aragón no puede renunciar a nada, y menos a privilegios concedidos a otros territorios que no atesoran mil años de historia ni han contado con un derecho civil propio ni unas instituciones como las nuestras.
Creo que estos días los aragoneses deberíamos pensar en el Aragón que queremos. Deberíamos ser capaces de unirnos en la defensa de aquellas cuestiones en las que nos jugamos nuestro futuro. Somos poca población pero, si somos capaces de concentrar sobre el mismo clavo cada golpe de martillo de cada aragonés, nuestra fuerza es ilimitada, nuestro futuro no tiene techo .
Feliz San Jorge. Feliz Día de Aragón.