El enquistamiento de las desigualdades entre las autonomías sigue siendo un hecho que perjudica de manera perniciosa e injustificable la equidad obligatoria reflejada en la Carta Magna. Los sucesivos Gobiernos centrales, dígase PP o PSOE, vulneran algunos principios constitucionales que en Madrid mueven de todo menos conciencias y se aplican en las comunidades más pobladas y con mayor peso político en el Estado con la misma determinación con la que a Aragón se le niegan. Dichas pautas políticas se basan más, tristemente, en estrategias para beneficiar los intereses electorales del partido de turno gobernante que en aquellas otras que priman el interés general de los españoles como exige y proclama la Constitución de 1978. Esta percepción aunque arraigada entre los ciudadanos no varía significativamente el sentido del voto que mayoritariamente va a parar a los partidos “castigadores” Socialista y Popular como estiman los sondeos. Parece como si la ciudadanía estuviese ligada y sometida a la doble alternativa del bipartidismo, resignada a él. El resto de opciones políticas son escasamente contempladas por el votante.
Mientras el bipartidismo aglutine la mayor parte de la bolsa del voto aragonés, el futuro de Aragón sufrirá retrasos aquí e impedimentos mil en las Cortes Generales y seguiremos supeditados a los habituales zarandeos de Madrid que cuenta con la máxima libertad de acción a la hora de negar a Aragón lo que le corresponde. Y todo, sin miedos ni molestas presiones políticas. Mientras, aquellos territorios que cuentan con importante peso político en el conjunto del Estado son escuchados y defendidos; atendidos y respetados. Por eso, en el Partido Aragonés estamos convencidos de la necesidad de un partido territorial fuerte y de centro que actúe aquí velando por los intereses de la Comunidad y en Madrid con una fuerza suficiente capaz de influir en las Cortes Generales.
Es un hecho cierto que el PAR lleva más de tres décadas en el escenario político aragonés, con sus aciertos y sus errores, sus defensores y sus detractores, como todos. Y no por ello deja de ser evidente su utilidad incuestionable, mal que les pese a algunos. El grado de desarrollo alcanzado en Aragón, y este es otro hecho irrefutable más, no sería tal si esta fuerza política hubiera estado fuera de los sucesivos gobiernos autonómicos. Proyectos como la Comarcalización, Walqa, la Radio y la Televisión autonómicas, la Universidad Privada San Jorge, y otros muchos, hubieran sido impensables sin la presencia del Partido Aragonés.
Hemos potenciado el papel de Aragón en la oferta turística española a los mercados exteriores y las comunicaciones; fomentado la actividad industrial para la que queremos óptima calidad y seguridad; impulsado la actividad comercial, desarrollado un modelo territorial que potencia nuestras señas de identidad y mejora la calidad de vida de la sociedad aragonesa. Trasladada esta reflexión al panorama nacional -el PAR no tiene representación en la Cámara Baja- nos da idea de la importancia de “estar” para poder influir y determinar el rumbo de aquellas políticas que acaban siendo lesivas para esta autonomía. Solo cabe detenerse en los resultados de otros territorios con grupos propios o representados suficientemente.
En un arco parlamentario de 350 escaños, únicamente 13 son por Aragón. Y todos centralistas (PSOE y PP) que acaban siendo acólitos sumisos de sus jefes en Madrid, primando los intereses de partido y olvidando los de la tierra que les aupó al sillón. Con este panorama y sin fuerza territorial alguna, el adecuado ritmo de desarrollo que a Aragón le corresponde seguirá frenado sine díe. Por eso, se hace indispensable cambiar por fortaleza la debilidad de la Comunidad Autónoma aragonesa en las Cortes Generales.
Madrid no ha hecho ni caso a las demandas planteadas por Aragón en 2009, el Gobierno central ha excluido el Canfranc, la Travesía central y las mejoras para el campo aragonés de la lista de prioridades que prevé impulsar durante la Presidencia europea y los dirigentes catalanes van a la suya a costa de Aragón. Indudablemente, una mayor presencia política del PAR en Aragón y en Madrid, insisto, aceleraría el futuro de esta tierra y nos colocaría en mayor brevedad de tiempo en el lugar que merecemos. Ni más ni menos.
*Javier Callau Puente es diputado del Partido Aragonés (PAR) por Huesca en las Cortes de Aragón
